EL ZAIRE Y EL EXTRATERRESTRE - Periódico El Gran Chaco - Noticias de Yacuiba, Gran Chaco, Tarija, Bolivia y el Mundo.

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EL ZAIRE Y EL EXTRATERRESTRE

 

POR RENÉ AGUILERA FIERRO

Era un día como cualquier otro, una rutina en mis salidas desde la ciudad de Tarija al área rural, visitas técnicas que hacía por razones de trabajo, me desempeñaba como extensionista dependiente del Instituto Boliviano de Tecnología Agropecuaria; en cuyo trayecto visitaba diversas comunidades, esta vez, retornaba del Zaire, ya había estado en Chalamarca; Orozas; Rancho Viejo y otras comunidades cercanas, en esos momentos transitaba por un precario y horrible camino de tierra que conduce la Ruta Nº 1, carretera principal que une Tarija con Bermejo. Manejaba un Jeep Willys de la oficina, mientras escuchaba música, imaginaba, creaba algunos versos para mis poemas. Pero aquella tranquilidad se vio interrumpida por lo que veían mis ojos a través de la ventana del vehículo. Estaba viendo un objeto volador extraño, se desplazaba más lento que un avión normal, su forma alargada, parecía un cigarrillo habano, era enorme a la distancia, lo seguí con la mirada y con el vehículo en marcha, pero su rumbo era contrario al mío, se alejó hasta perderse entre los cerros; me pareció que aquella extraña nave estaba averiada, puesto que dejaba detrás de sí una estela de humo azulado y negro, emitía una especie de silbido, un zumbido raro, persistente pero tenue, sin duda provenía del vehículo espacial. Anoté en mi libreta de campo, “día sábado 06 de mayo de 1978, horas 16:25 tramo entre El Zaire y Orozas, camino a Padcaya, avistamiento de un Ovni”. Estaba impactado o emocionado por lo que acababa de observar, imaginaba quiénes más habrían logrado verlo para corroborar mi experiencia. Me encontraba en un camino de tierra, solitario; recordaba que otras veces llevaba a mi retorno alguno que otro acompañante fortuito que deseaba que lo acerque a Padcaya o a la ciudad de Tarija. 

Pensaba en contarlo en mi programa de radio, pero era mi palabra y mi experiencia, no tenía prueba alguna, mi cámara fotográfica Zenit de fabricación Rusa no se movió de su estuche, no había alcanzado a tocarla, más pudo mi asombro que mi pericia de fotógrafo aficionado.

Retornaba de inspeccionar unos sembradíos y criadero de animales en El Zaire, debido a la abundancia de agua, aquellos suelos se prestan para toda clase de cultivos, pastoreo y cría de animales. El camino era muy malo, accidentado, con hoyos por doquier, creo que jamás recibió mantenimiento. Estaba absorto con mis pensamientos, cuando de pronto escuché un estruendo ensordecedor, detuve el vehículo, asustado, pensé que algo me había ocurrido, me toqué el cuerpo, miré a mi alrededor y todo estaba en orden, bajé del Jeep y lo primero que vi fue una columna de humo que se elevaba  del lado de El Zaire; inmediatamente di vuelta el vehículo y me encaminé a la pequeña Unidad Educativa “El Zaire”, pregunté sobre lo sucedido; todos estaban alarmados y nerviosos, al igual que yo, habían visto aquel objeto que volaba a muy baja altura, silbaba y humeaba, indicaron que se dirigía a la espesura del monte, hacia el cerro de El Zaire. Mi impulso fue dirigirme hacia ese lugar, era probable que alguien necesitara ayuda, no pensé en ningún momento en el peligro ni en cosas extrañas. Un campesino llamado Venancio Albornoz se ofreció acompañarme, sacó de la escuela el Botiquín de primeros auxilios y partimos, pese a lo dificultoso del camino, logramos acercarnos al lugar; luego hicimos el trayecto a pie, guiados por la columna de humo; desde un lado del cerro pudimos ver un inmenso hoyo, parecía un cráter, a un costado se podía ver la nave, era la misma que habíamos visto en el aire. Nos aproximamos, había rocas por todos lados, algunas estaban calcinadas, parecían de vidrio; a través de la espesura vegetal nos desplazamos, vimos que algunos árboles hacían de colchón del artefacto, se apreciaba movimientos detrás de sí, nuestra aproximación fue tal que estábamos a unos metros de aquella enorme máquina de metal, calculo que tendría como cuatro metros de ancho por tres de alto y unos diez metros de largo, estaba muy dañada, giramos alrededor de la misma y, lo que vi, me dejó atónito, paralizado, había un cuerpo inerte, extendido en el suelo; otro de ellos estaba como arrodillado y el tercero caminaba de un lado para otro, parecía inquieto, ninguno de ellos reaccionó ante nuestra presencia. El susto que me causó no fue poco, pensé encontrarme con pilotos o personas con trajes espaciales o especiales, pero aquellos sujetos eran muy delgados y ropas demasiado pegadas al cuerpo, sus cabezas eran grandes, ojos enormes y negros; tenían como nariz pequeños hoyuelos y un abultamiento que hacía suponer que era la boca, no vi en ningún momento que hicieran gesticulaciones o que abrieran los labios; cuerpo sumamente delgados, extremidades largas, manos grandes, con cuatro dedos alargados, los pies igualmente largos. Pasado el impacto, quise volver sobre mis pasos y salir de allí; pero una voz firme, extraña, timbre metálico, me pidió que me acercara; vamos, le dije a mi acompañante; nos acercamos lentamente, llevábamos ambos nuestros botiquines de primeros auxilios. Frente al que estaba en cuclillas, le dije si necesitaban ayuda, mientras le enseñaba la pequeña caja blanca con una cruz roja en la tapa. Me indicó que todo estaba bien, que su compañero había fallecido; pero él estaba con algunos golpes y nada más, mientras que el otro no decía nada, creí suponer que se trataba de una dama, por su fragilidad y menor estatura, pero al parecer tenía mayor rango. Nerviosamente le pregunté qué es lo que había sucedido, me respondió que sufrieron un desperfecto y no pudieron superarlo. Miré a Venancio y le hablé -escuchas lo que yo oigo, si don René, escucho todo lo que conversan. Entonces me convencí que su charla era telepática, nítida y por demás entendible. Dije, estas naves son impresionantes, mucha tecnología, raramente fallarían, indicó que si, pero que esta máquina era muy antigua y que ya había realizado muchísimos viajes a diversos planetas, que era de esperar que un día fallara. Me dijo que se llamaba Axón o algo parecido, asimismo, me indicó del planeta que provenían, no pude captar cómo le llaman, pero me aclaró que nosotros le llamamos Plutón, planeta enano, que ellos puedan adaptarse a todo tipo de clima y temperatura. Insistí, en que podíamos ayudarles, me indicó que nada podíamos hacer por ellos; manifestando que varios humanos y hermanos suyos ya estaban en camino, fue reiterativo al indicar que unos y otros se parecían; pero debido al secreto que guardan y protegen, son peligrosos, que deberíamos retornar por donde habíamos venido, puesto que en pocas horas llegarían muchos agentes enviados por potencias, su misión es protegerlos y cuidarlos. Siempre fueron idénticos a los humanos, dije, me respondió que en una época, en sus experimentos algunos nacieron con uno o dos cuernos, otros con un solo ojo o cráneos alargados, incluso gigantes o muy pequeños; hubo de todo, incluso monstruos, pero los eliminamos después de haberlos estudiado. En la actualidad hay pocos humanos puros. Luego fue cortante al acotar, tendremos que informar de lo sucedido a los que llegarán, después de ellos, nadie, excepto ustedes, nos dijo, sabrá de nuestra presencia y situación. Mira, manifestó, quienes nos ayudarán son fieles funcionarios de élite que juraron guardar silencio y siempre trataran de desvirtuar toda información como esta de falsa; si ustedes llegaran a hablar o contar lo que vieron aquí, los sindicarían de fantasiosos o locos, incluso sus propios amigos y familiares.

Pero insistí, cómo y porqué se produjo tremenda explosión, muchísima gente los vio a ustedes y oyó la detonación; manifestó que todos los artefactos sean antiguos o modernos, llevan explosivos de alto poder destructivo a la redonda, es una forma de proteger a la nave y sus ocupantes mientras llega el auxilio. Recuerdo que Venancio, tímidamente preguntó, ustedes tienen cultivos… Axón le respondió que sí, pero justificó que todo cultivo era utilizado para sintetizar vitaminas, energizantes, antígenos, abonos, aceites, combustibles, equipos y otros usos; nada se pierde, todo se combina y se transforma; enseguida rematé con otra pregunta, dije, cómo consiguen semillas mejoradas… El extraterrestre Axón nos miró al uno y al otro, luego respondió, ése es el motivo de nuestros viajes, justamente para la renovación del Germoplasma, pero no somos los únicos, hay visitantes de diversos planetas, por ahora todos convivimos en paz; aunque no siempre fue así. La tierra es rica en productos.  Me sentía avergonzado, pero seguía preguntando, desde cuándo visitan la tierra; Axón dijo, desde siempre; viajamos permanentemente al pasado y al futuro, pero en cada tiempo la gente no lo sabe, siempre viven su presente y planifican para el futuro, estudian el pasado. En épocas remotas para ustedes, es más fácil, nos tratan como dioses, nos adoran, mientras que en tu era nos atacan, desean eliminarnos y no queremos conflictos abiertos. Perdón, se encontraron calaveras de vidrio, si, respondió, fue juego de niños, las hicieron de arcilla y luego convertidas en cristal. Entonces dije, tú sabes qué sucederá en el futuro… fue una pregunta frontal, sin inmutarse respondió, por supuesto, como nadie te creería si lo dices; deberías saber que Bolivia tendrá un gobernante de habla inglesa y luego tendrán un presidente indígena; el año 2001, el mundo será sacudido en Nueva York con el derribe de las Torres Gemelas de los Estados Unidos; el año 2011 el Japón sufrirá un Zunamís terrible, el 13 de marzo de 2013, el Vaticano elegirá un Papa Argentino; en Bolivia, las mujeres tendrán paridad en la participación y en las formulas electorales y, ahora lo sabes, tú tendrás mucho que ver con aquello; luego nos indicó que se aproximaba un cambio climático sin precedentes; Axón siguió diciendo, Bolivia se debatirá en golpes de Estado y el pueblo será víctima de una hiperinflación como nunca en su historia, el hombre llegará a Marte y a otros planetas; un meteoro está en camino a la tierra y otro gigantes va rumbo al sol… Antes, el año 2019,  el mundo sufrirá el colapso con una pandemia producida por una variante de coronavirus letal, levantó su enorme cabeza, me miró y dijo, deseas que siga… Me quedé en silencio, eran datos que no podía asimilar en esos momentos. Me aclaró, que en diversas épocas, conversó con personas como nosotros sobre el futuro, varios de los depositarios de estos secretos, los divulgaron a manera de pronósticos, horóscopos, oráculos y otras formas, como descubrimientos técnicos y científicos adelantados a su tiempo, validados hasta la fecha.

El sujeto que permanecía pensativo y ya más moderado, hizo un leve ademán, lo supuse y fue confirmado por Axón, nos indicó que deberíamos  alejarnos de allí, que estaba demás que nos recomendara que no deberíamos contar nada de lo que habíamos visto y conversado ahí, no por ahora, pero que con el tiempo teníamos toda la libertad de hacerlo, cuando otras personas hayan agotado sus especulaciones de lo ocurrido. Dije finalmente, puedo tocarte, puedes me dijo, sin dudarlos posé mi mano derecha sobre su hombro, aquel contacto fue como tocar el cielo o como un escalofrío, sentí una extraña energía, no eléctrica, una energía que me sacudió el alma, quedé petrificado, al tacto y a la vista parecía la piel de una foca recién salida del agua, no había sensación de frio o caliente, seco o húmedo, solo sentí que era extremadamente lisa y muy suave como nada que antes haya tocado, esa piel era más gris que blanquecina, por ello, creo que esa cubierta parecida a piel era más bien un traje espacial que cubría completamente a estos seres. Esos ojos enormes y negros, pienso que son una especie de protectores oscuros que los protege de la radiación solar; por eso tienen la cabeza lisa, sin indicios de cejas, no se les ve nariz ni boca. Sin embargo, permanecí con los ojos cerrados no sé cuánto tiempo, Venancio me despertó para recordarme que debíamos irnos, me despedí de ambos, dando mis pésames por el hermano fallecido.

Todo el trayecto de retorno permanecimos callados, Venancio de rato en rato volteaba su cabeza para mirarme, mientras tanto yo manejaba como absorto, pero, yo también hacía lo propio cuando él estaba entretenido mirando hacia afuera. Al llegar a la Escuela “El Zaire”, detuve el Jeep, él se quedó frente al centro educativo, nos despedimos y nunca más volví al lugar tampoco a ver a Venancio.

Los días que siguieron, en todo el mundo se hablaba sobre el acontecimiento de El Zaire, del arribo de la NASA a la zona; militares extranjeros dirigiendo las operaciones, poca o ninguna intervención del gobierno de Bolivia; retiro y traslado de todo vestigio en helicópteros y grandes aviones; tema del que se ocupaban los medios de comunicación de Bolivia y el extranjero; se relataba en periódicos, revistas, televisión y la radio; aficionados y expertos daban sendas explicaciones técnicas, científicas y ufológicas; hasta hablaban del hecho como ocurrido en Mecoya, lugar distante como si fuera aledaño al Zaire. Con emoción recordaba las fotos que había tomado, eran vistas espectaculares del paisaje y del lugar afectado, había una fotografía en la que yo estaba en primer plano con el fondo de la nave, fue una toma que le pedí a Venancio para que quedara como testimonio de aquello, otra fotografía se la tomé yo mismo a los extraterrestres mientras conversábamos, no me lo impidieron. Cuando nos retirábamos, tomé otras a la distancia. El rollo contenía 36 exposiciones, con el transcurso de los días y a fin de terminarlo, saque esto y aquello. Finalmente lo rebobiné como hice con tantos que había utilizado, tomé datos de la serie del rollo por precaución; cuando fui al estudio fotográfico a recoger la película y elegir las tomas que debería revelar en papel, el fotógrafo que era amigo de muchos años, me indicó que en otra me asegurara que el rollo sea utilizado, éste era virgen, estaba totalmente en blanco, transparente, comprobé el número de serie y coincidía, no pudo ser reemplazado. Pensé, con razón me dejaron que les tomara las fotografías. Es un negativo que aún conservo.

Cierta vez, supe por una maestra de la Escuela de El Zaire que Venancio había fallecido; habían pasado 43 años de aquel acontecimiento y aquella otrora joven docente aún se acordaba de mí; le pregunté a la maestra como contaba Venancio con respecto al Ovni de El Zaire, me respondió que jamás comentó nada y cuando se le preguntaba sobre su incursión al cerro como acompañante del ingeniero, siempre decía lo mismo; allí no ocurrió nada extraño. 


FIN




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( * ) René Aguilera Fierro, nació en Yacuiba-Tarija (Bolivia), poeta y escritor de amplia trayectoria, tanto en Bolivia como en el exterior, Ha escrito 21 obras literarias de mucho éxito, cada uno de estos libros fueron reeditado en varias ocasiones. Escribe poesías de amor, poemas infantiles, cuentos, leyendas, biografías y ensayos. Ingeniero Forestal de Profesión, catedrático universitario, Jefe de Carrera y Decano, ha ocupado cargos relevantes para el Estado boliviano. Periodista profesional. Organizador de eventos culturales de trascendencia mundial, como los “Encuentros Internacionales de Escritores” (desde el año 2008), “Coloquios Literarios” (desde el año 1990); actualmente, Presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Tarija (Bolivia); Secretario General de la Unión Latinoamericana de Escritores (Sede México); viaja por diversos países en misión cultural. Presidente del Consejo Departamental de Culturas de Tarija (dependiente del Ministerio de Culturas de Bolivia); Designado “Maestro de las Artes; practica la pintura y el tallado en madera y fotógrafo aficionado. Tiene abundantes distinciones; Recibió distinción del Senado de Bolivia; en Chile, se publicó un libro sobre su vida y obra, con la participación de escritores y poetas de 30 países del mundo. Tiene varios reconocimientos a su labor literaria. En agosto del año 2021 el Honorable Concejo Municipal de Yacuiba dio relieve a su trayectoria con sendas distinciones, sumando a los  premios obtenidos en Bolivia y el exterior. E. Mail: reneaguilera50@hotmail.com



Aquella tranquilidad se vio interrumpida por lo que veían mis ojos desde el vehículo en marcha. Estaba viendo un objeto volador extraño, se desplazaba más lento que un avión normal, estaba a muy baja altura, casi al raz de la copa de los árboles, su forma alargada, parecía un cigarrillo habano. 







Desde un lado del cerro pudimos ver un inmenso hoyo, parecía un cráter, a un costado se podía ver la nave, era la misma que habíamos visto en el aire. Nos aproximamos, había rocas por todos lados. 








Lo que vimos nos dejó atónitos, paralizados, había un cuerpo inerte, extendido en el suelo; otro de ellos estaba como arrodillado y el tercero caminaba de un lado para otro, parecía inquieto, ninguno de ellos reaccionó ante nuestra presencia. 


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