Violencia, sin límites ni sanción - Periódico El Gran Chaco - Noticias de Yacuiba, Gran Chaco, Tarija, Bolivia y el Mundo.

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Violencia, sin límites ni sanción

 


MAGGY TALAVERA

   

Violencia generalizada, sin límites, sin sanción justa, oportuna y ejemplarizadora es la que nos golpea, a diario, con mazazos que parecen ser más certeros y dolorosos en unos casos que en otros. Una variable que se mide no tanto por el tamaño o el impacto del daño causado, sino según quiénes sean los violentos y quiénes los que padecen su violencia. En muchos casos, incluso, según el interés de quienes viven de la violencia como mecanismo de control, amedrentamiento o distracción, sea en el ámbito privado o en el público.

Una dolorosa realidad a la que hasta ahora, lamentablemente, no hemos sido capaces de reconocer y, menos aún, de analizar para comprender sus múltiples causas, único camino para enfrentarla, para combatirla también en sus múltiples manifestaciones. La respuesta al por qué de tanta dificultad tal vez está en ese juego de intereses, íntimos o colectivos, al que apostamos conscientes o no para librar nuestras propias batallas de sobrevivencia o solo de poder. Aunque cada vez más parece apenas de poder y no de sobrevivencia.

Hago esta reflexión desde el dolor e impotencia que provocó en muchos el asesinato de Wilma, a manos de su expareja Marcelino, pero no únicamente desde esta muerte tan absurda como violenta. Mi reflexión va más allá de otro caso que se suma a la lista de, al menos, 32 feminicidos registrados oficialmente en Bolivia de enero al 4 de abril de 2021. Entre el pasado domingo y el viernes de la semana que termina, más de una docena de otros hechos violentos fueron registrados en el país; algunos denunciados, otros no.

Cito algunos, solo para dejar constancia de lo variopinto que puede ser el origen de la violencia. Desde San Borja se viralizó un video que registra cómo un grupo de personas quema vivo a un hombre acusado de dos asesinatos; filman su agonía, graban sus gritos de dolor, sin inmutarse. En Santa Cruz de la Sierra, una vecina presencia la agresión de un hombre a su pareja, que no repara en la testigo, paralizada de terror, tal cual la víctima. El presidente Arce protagoniza otro hecho de violencia en Tarija, por partida múltiple: viola la ley al hacer campaña política y usar bienes públicos en ello; alienta la división y el odio entre bolivianos; y, por si fuera poco, promueve abiertamente la discriminación en un tema tan delicado como es el de la vacunación contra el nuevo coronavirus.

Son hechos distintos, por supuesto, pero en cada uno de ellos hay un elemento común: la violencia. Y, en todos, siempre voces que condenan los actos, pero también otras que los justifican. Según el caso, sus circunstancias, protagonistas y víctimas, unas voces suenan más alto que otras. En el caso de San Borja, no faltaron los argumentos atribuidos a los pueblos indígenas sobre “usos y costumbres”, además de los de que creen que la pena de muerte o, a falta de ella, la “justicia” por mano propia, resuelve el problema. En el caso de la capital cruceña, no hubo una voz entre los vecinos que no condenara la agresión, pero ninguno quiso hacer pública la denuncia.

Ya en el caso del presidente Arce, la respuesta fue pobre y a media fuerza, limitada a las críticas desde las redes y a un par de declaraciones de políticos opositores al gobierno del MAS. Poco para el tamaño de la violencia, que es sistemática y va en aumento, además de representar un grave problema para la sociedad, una amenaza para la democracia. Es la violencia que se ejerce desde el amparo del Estado, al que se le atribuye el monopolio de lo que se llama “uso legítimo de la violencia”. No es un dato menor en este tiempo, en el que hay mayor ideologización e instrumentalización de la violencia, como se destaca en varias investigaciones publicadas sobre el tema. Y no, no hay cómo ni porqué justificarla.

No hay cómo justificar ninguna de tantas formas de violencia: ni la del presidente Arce, ni la del agresor anónimo, ni la de Marcelino, ni la vista en una comunidad indígena de San Borja. No hay ninguna justificación a la violación de un derecho básico humano, violación que no siempre se traduce en una violencia física –tal vez por eso cuesta tanto, a veces, identificarla en sus variadas formas: verbal, simbólica, camuflada de “protección” pública o civil. Tampoco deberíamos tolerar que cada una de esas violencias quede impune, sin un castigo justo y ejemplarizador, algo que dista mucho de los actos de crueldad, sadismo o venganza que suelen desencadenarse tras algunos conflictos irresueltos.

Una tarea a ser librada ya, exigiendo acciones claras y efectivas en cada uno de los casos aquí citados. Pero una tarea que demanda con la misma urgencia acciones concretas que ayuden a prevenir la violencia en todos estos ámbitos. Una tarea que debemos comenzar por casa, en nuestro círculo más íntimo, y exigir cumplan también quienes tienen como responsabilidad de la elaboración y cumplimiento de políticas públicas para una verdadera y efectiva seguridad ciudadana.

 

La autora es periodista, www.maggytalavera.com.

Violencia, sin límites ni sanción Reviewed by Jorge Molina on 4/12/2021 Rating: 5   MAGGY TALAVERA     Violencia generalizada, sin límites, sin sanción justa, oportuna y ejemplarizadora es la que nos golpea, a diario, ...

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