Lejos de arreglar cualquier problema del Real Madrid con Xabi Alonso, el estreno de Álvaro Arbeloa dejó el peor sabor de boca posible con derrota y eliminación de la Copa del Rey ante un Albacete que firmó el primer triunfo de su historia frente al club blanco, encontrando el premio a su fe con un tanto de Jefté en el añadido.
El Real Madrid perdió la segunda competición de las cuatro a
las que aspiraba en tres días. De la derrota en el clásico en la final de la
Supercopa de España, que puso fin a la breve etapa de Xabi Alonso, pasó a uno
de esos capítulos sonrojantes para su historia en una Copa del Rey que pocas
veces pone en valor. Con un equipo de circunstancias se despidió en Albacete
ante un equipo de Segunda.
No era el día para juzgar a Arbeloa pero estas derrotas
manchan. Sin referentes como Mbappé, Bellingham, Tchouaméni o Rodrygo. Con
rotaciones que convierten la Copa del Rey en un ejercicio de fe. La puesta de
largo en el cambio sobre la marcha del Real Madrid, el primer día sin Xabi
Alonso, dejó las mismas lagunas y no despejó ninguna duda. Ni reacción de
orgullo ni mejoría en el juego.
Regresaba el Real Madrid al Carlos Belmonte 21 años después.
Una ciudad donde siempre fue bien recibido en el pasado, dejó una animadversión
incomprensible con Vinícius con cánticos racistas. El brasileño debía de asumir
el liderazgo en un equipo de circunstancias. Apenas apareció, con una marca
estrecha de un canterano madridista como Lorenzo Aguado.
Alguien tenía que dar el paso y fue Fede Valverde tras un
inicio activo de Güler, con libertad de movimiento para intentar dar sentido a
una posesión que fue improductiva. Horizontal, carente de verticalidad, sin
profundidad en el costado derecho donde Mastantuono repite una y otra vez la
misma acción, saliendo hacia dentro para buscar su pierna buena.
Era un momento para demostrar. Más aún con nuevo inquilino
en el banquillo. Pero nadie encontraba a Gonzalo. Todo se limitó a un disparo
lejano de Fede Valverde, con efecto contrario, de dentro afuera, para marcharse
cerca del poste a los seis minutos. Desde entonces la nada más absoluta.
El Albacete se parapetó, defendió bien de inicio y esperó su
momento, espoleado por la grada y un "sí se puede" que le hizo creer.
Los mismos problemas para crear fútbol del Real Madrid no desaparecieron con un
canterano de mediocentro, Jorge Cestero. Dominio sin alegría. Ni un disparo a
puerta hasta el minuto 26. De nuevo Fede Valverde, con Lizoain firme.
Fue el momento en el que se desató el Albacete, sintiendo
debilidad del grande y sin que se notase la diferencia de categoría. Con ideas
claras dio un paso al frente. La potencia por banda de Lorenzo Aguado, que
disparó arriba el primer aviso, una falta de Lazo que sacó de puños Lunin, el
portero de la Copa, y a la tercera el gol que situaba al Real Madrid en el
alambre sin opciones ofensivas en su banquillo.
De un saque de esquina y el despiste en su marca de
Mastantuono, nació el cabezazo de Javi Villar a la red a los 42 minutos. La
cara de Arbeloa era un poema. Respiró camino del vestuario al descanso tras la
primera carrera de Vinícius. Provocaba un saque de esquina a un segundo del
final del tiempo reglamentario.
El colegiado permitía botarlo y el golpeo de Güler lo
remataba Huijsen, que se topaba con los reflejos de Lizoain, y el balón muerto
encontraba el hambre de éxito de Mastantuono, el más rápido para meter la bota
y empatar el partido corrigiendo su exceso de confianza previo.
La primera arenga de Arbeloa en el vestuario al descanso
provocó un arranque del segundo acto con una intensidad mayor. Aumentó la
velocidad con balón el Real Madrid en un arranque en el que 'Vini' quiso ser
protagonista. Sin puntería en su toque suave buscando la escuadra, a las manos
del portero rival.
La falta de espacios y el gran partido de Aguado, taponaron
la que debía ser mayor vía de peligro madridista. Con Vinícius frenado,
apareció en ataque Fran García, con centros sin remate, hasta que los cambios
devolvieron fuerzas al Albacete. También había rotado de inicio y entraban
titulares habituales que devolvían la igualdad.
Apenas llegó el Real Madrid ante un equipo que firmaba un
partido largo. Un disparo desviado Vini era un intento desesperado de un equipo
con poca pegada en el campo y sin recambios en el banquillo. Los cambios eran
Carvajal, después de tres meses de baja, Alaba sin ritmo competitivo y
Camavinga de lateral.
Vulnerable el grande ante el pequeño, se tambaleó en otro
arranque de furia lical. Riki se topó con una estirada de Lunin y el saque de
esquina acabó en el primer tanto de Jefté. Era el minuto 82. El despeje de
Asencio se prolongó con otro de Gonzalo que acabó en el disparo con bote,
envenenado para Lunin.
Con todo perdido solamente quedaba buscar un milagro. Y lo
encontró, de nuevo en el añadido el Real Madrid. De nuevo con un córner de
Güler. El testarazo de Gonzalo parecía dar aire ante tanto sufrimiento. Nada
más lejos de la realidad. Tres minutos después, en el 94, cuando el partido se
encaminaba a la prórroga, un balón largo encontró la duda de Lunin, que no
salió cuando debía. El primer disparo de Jefté rechazó en Carvajal. El segundo,
suave, con rosca llovida del cielo, no lo vio Lunin. La noche histórica en
Albacete tenía un broche de oro.
El Deber
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