REALIZADO POR:
FRANZ SURUGUAY ANDRADE
LICENCIADO EN EDUCACIÓN MUSICAL
La enseñanza de la música en la educación secundaria enfrenta múltiples limitaciones materiales y estructurales, especialmente en contextos rurales y periurbanos, donde el acceso a instrumentos musicales, salas especializadas y recursos didácticos adecuados es escaso o inexistente. Esta realidad genera desigualdades en el aprendizaje musical y limita las posibilidades de desarrollo artístico de los estudiantes. Frente a este escenario, la rítmica corporal surge como una alternativa pedagógica accesible, inclusiva y profundamente formativa, que permite garantizar el derecho a una educación musical significativa.
El cuerpo,
entendido como el primer instrumento musical del ser humano, constituye un
medio natural de expresión sonora y rítmica. A través del movimiento, la
respiración, el pulso y el gesto, los estudiantes pueden experimentar la música
de manera directa, sin mediaciones técnicas complejas. La rítmica corporal
posibilita el desarrollo del sentido rítmico, la coordinación motriz, la
escucha activa y la expresión creativa, convirtiéndose en una herramienta
fundamental para la formación musical integral en el nivel secundario.
En muchas aulas
de música, la enseñanza del ritmo se aborda de forma abstracta, centrada casi
exclusivamente en la lectura y escritura de figuras musicales, compases y
silencios, sin una vivencia corporal significativa. Este enfoque tradicional
dificulta la comprensión profunda del ritmo, ya que los estudiantes no logran
relacionar los símbolos gráficos con la experiencia sonora y motriz. Como
consecuencia, se genera desinterés, desmotivación y una percepción de la música
como una materia compleja y poco cercana.
La rítmica
corporal, en cambio, propone un aprendizaje vivencial que integra el
movimiento, la percepción y la acción. Al experimentar el ritmo con el propio
cuerpo, los estudiantes construyen conocimientos musicales de manera progresiva
y significativa, fortaleciendo la relación entre mente y cuerpo. Este enfoque
favorece una comprensión más profunda del pulso, el acento, la duración y la
estructura musical, elementos fundamentales para el desarrollo de la
musicalidad.
Desde una
perspectiva pedagógica, el cuerpo no solo ejecuta el ritmo, sino que lo
comprende, lo internaliza y lo resignifica. Dalcroze (1967) sostiene que el
movimiento corporal es esencial para el desarrollo de la musicalidad, ya que
permite vivenciar los elementos musicales de manera natural y consciente. En el
contexto de la educación secundaria, esta propuesta adquiere especial
relevancia, pues democratiza el acceso a la educación musical y responde a las
necesidades de estudiantes con diversos estilos de aprendizaje.
La rítmica
corporal favorece el desarrollo de habilidades cognitivas, motrices y
socioemocionales de manera integrada. Actividades como palmadas, golpes
corporales, desplazamientos rítmicos, secuencias de percusión corporal y juegos
musicales estimulan la atención, la memoria, la coordinación y la
concentración. Asimismo, estas prácticas fortalecen el trabajo en equipo, la
cooperación y el respeto por el otro, aspectos fundamentales para la
convivencia escolar.
En el aula de
música, la rítmica corporal permite introducir contenidos musicales de forma
gradual y contextualizada. Por ejemplo, el pulso puede trabajarse a través de
caminatas rítmicas, los acentos mediante golpes corporales diferenciados y los
compases a partir de secuencias de movimientos repetitivos. Estas estrategias
facilitan la comprensión de conceptos musicales que, abordados únicamente desde
lo teórico, suelen resultar abstractos y difíciles de asimilar.
Diversas
experiencias educativas en América Latina demuestran que la percusión corporal
fortalece la autoestima, la creatividad y la expresión personal de los
estudiantes (Gainza, 2002). Al utilizar el propio cuerpo como instrumento, los
estudiantes se sienten protagonistas de su aprendizaje, superan el miedo al
error y desarrollan confianza en sus capacidades musicales. Este aspecto
resulta especialmente relevante en contextos educativos donde muchos
estudiantes consideran que “no saben música” o que no poseen habilidades
artísticas.
En el contexto
boliviano, la rítmica corporal ofrece amplias posibilidades para integrar
ritmos tradicionales y populares, como huayños, saya, tinku o cuecas,
favoreciendo la conexión entre el aprendizaje musical y la cultura local. A
través de patrones rítmicos corporales, los estudiantes pueden explorar y
resignificar estas expresiones musicales, fortaleciendo su identidad cultural y
su sentido de pertenencia comunitaria.
Otro aspecto
fundamental de la rítmica corporal es su carácter inclusivo. Al no requerir
instrumentos ni recursos costosos, se eliminan barreras económicas y se
garantiza la participación equitativa de todos los estudiantes. Además, esta
metodología favorece la inclusión de estudiantes con diferentes estilos de
aprendizaje, ya que combina estímulos visuales, auditivos y kinestésicos,
promoviendo una educación musical más justa y accesible.
No obstante,
para que la rítmica corporal sea verdaderamente efectiva, es necesario que el
docente asuma un rol activo como mediador, orientador y creador de experiencias
musicales significativas. La planificación didáctica debe contemplar secuencias
progresivas, objetivos claros y criterios de evaluación acordes a la
experiencia vivencial. Asimismo, es importante generar espacios de reflexión
donde los estudiantes puedan expresar lo que sienten, comprenden y aprenden a
través del cuerpo y el movimiento.
El cuerpo como
primer instrumento constituye una herramienta pedagógica fundamental para la
educación musical en el nivel secundario. La rítmica corporal permite
democratizar el acceso a la música, superar limitaciones materiales y
fortalecer el aprendizaje significativo a través de la experiencia directa. Al
integrar el cuerpo, el movimiento y el ritmo, se promueve una educación musical
inclusiva, participativa y contextualizada.
Incorporar la
rítmica corporal de manera sistemática en la planificación docente contribuye
al desarrollo integral del estudiante, potenciando habilidades musicales,
sociales y emocionales. De este modo, la enseñanza de la música se resignifica
como una experiencia viva, cercana y transformadora, donde el cuerpo se
convierte en el principal medio de expresión, aprendizaje y construcción de
sentido musical.
Bibliografía:
Dalcroze, É. J.
(1967). Rhythm, music and education. Dalcroze Society.
Gainza, V. H.
(2002). La educación musical en el siglo XXI. Lumen.
La educación
musical y el desarrollo de habilidades socioemocionales en adolescentes
No hay comentarios.: