REALIZADO POR:
FRANZ SURUGUAY
ANDRADE
LICENCIADO EN
EDUCACIÓN MUSICAL
La educación musical cumple un rol fundamental en la construcción de la identidad cultural de los estudiantes, especialmente en países como Bolivia y en el contexto latinoamericano, donde la diversidad cultural y musical constituye un patrimonio vivo, dinámico y profundamente arraigado en la vida comunitaria. La música acompaña rituales, celebraciones, procesos productivos y expresiones cotidianas, convirtiéndose en un medio privilegiado de transmisión de valores, saberes y memorias colectivas. Sin embargo, en los sistemas educativos contemporáneos, la enseñanza de la música suele desarrollarse de manera fragmentada y descontextualizada, priorizando repertorios universales o modelos musicales ajenos a la realidad sociocultural del estudiante.
Esta situación
genera una brecha significativa entre el aprendizaje escolar y la experiencia
cultural cotidiana de los estudiantes. Cuando la música que se enseña en la
escuela no dialoga con las prácticas sonoras de la comunidad, se debilita el
sentido de pertenencia y se refuerza la idea de que los saberes locales carecen
de valor académico. En consecuencia, la educación musical pierde su potencial
transformador y se convierte en una actividad meramente técnica, desvinculada
de la identidad y de la historia cultural de los pueblos.
En el ámbito
escolar, la música no debe entenderse únicamente como una disciplina artística
orientada al desarrollo de habilidades técnicas o interpretativas, sino como
una práctica social y cultural que expresa cosmovisiones, formas de
organización comunitaria y modos de relación con el entorno. Las músicas
tradicionales, los ritmos regionales y las expresiones sonoras comunitarias
contienen significados profundos que permiten a los estudiantes reconocerse
como sujetos culturales activos, capaces de valorar su herencia y dialogar con
otras culturas desde una posición de respeto y dignidad.
No obstante, la
incorporación efectiva de estos saberes en el aula de música enfrenta múltiples
dificultades. La falta de formación docente en enfoques interculturales, la
escasez de materiales pedagógicos contextualizados y la persistencia de modelos
educativos homogenizantes limitan el desarrollo de propuestas musicales
verdaderamente significativas. En muchos casos, las músicas locales se
presentan de manera superficial, asociadas únicamente a fechas conmemorativas o
actos escolares, sin un análisis crítico de su origen, función social y sentido
comunitario.
En Bolivia, la
educación musical enfrenta el desafío particular de articular los saberes
ancestrales y comunitarios con las exigencias del currículo oficial. A pesar de
que el marco normativo reconoce la interculturalidad como un eje transversal de
la educación, en la práctica escolar la música folclórica y originaria suele
reducirse a la reproducción mecánica de canciones, sin profundizar en su
contexto histórico, simbólico y social. Esta forma de abordaje limita el
potencial formativo de la música y desaprovecha su capacidad para fortalecer la
identidad cultural y la conciencia histórica de los estudiantes.
Desde una
perspectiva pedagógica, la educación musical orientada al fortalecimiento de la
identidad cultural promueve aprendizajes significativos al partir de los
conocimientos previos, las experiencias sonoras y el contexto sociocultural del
estudiante. Freire (2005) sostiene que la educación debe construirse a partir
de la realidad concreta del educando, favoreciendo procesos de reflexión
crítica y transformación social. Aplicado al área de música, este enfoque
implica reconocer las prácticas musicales locales como saberes legítimos y
valiosos dentro del proceso educativo.
Diversos
estudios realizados en América Latina evidencian que la incorporación
sistemática de músicas tradicionales y comunitarias en la educación formal
contribuye al fortalecimiento de la autoestima cultural y del sentido de
pertenencia (Vila, 2014). Cuando los estudiantes investigan los ritmos de su
región, analizan las letras de canciones tradicionales o dialogan con músicos
locales, se produce una resignificación del aprendizaje musical que trasciende
lo técnico y se vincula con la identidad, la memoria y la historia colectiva.
En el aula de
música, estrategias como la investigación participativa de ritmos regionales,
la construcción de instrumentos autóctonos con materiales locales, la
recreación de prácticas musicales comunitarias y la invitación de portadores de
saberes permiten experiencias educativas más auténticas y contextualizadas.
Estas actividades no solo desarrollan habilidades musicales, como la escucha,
el ritmo y la interpretación, sino que también fortalecen competencias
sociales, comunicativas y ciudadanas, fundamentales para la formación integral
del estudiante.
Asimismo, la
música entendida como práctica comunitaria favorece el aprendizaje colaborativo
y la transmisión intergeneracional de saberes. Small (1999) plantea que la
música cobra sentido en la acción compartida, en el acto de “musicar” junto a
otros, donde se construyen relaciones, identidades y significados colectivos.
Desde esta perspectiva, la educación musical debe propiciar espacios de
encuentro, diálogo y creación colectiva, donde los estudiantes puedan
reconocerse como parte de una comunidad cultural viva.
Sin embargo,
fortalecer la identidad cultural desde la educación musical no depende
únicamente de la voluntad del docente. Es necesario contar con políticas
educativas que reconozcan la diversidad cultural como un valor pedagógico y no
como un elemento decorativo del currículo. La formación docente continua en
enfoques interculturales, la producción de materiales educativos
contextualizados y el apoyo institucional son elementos clave para evitar la
folklorización de la música y promover una educación musical crítica, reflexiva
e inclusiva.
Además, es
fundamental que la evaluación en el área de música considere los procesos de
aprendizaje, la participación y la reflexión cultural, y no se limite a la
ejecución técnica. Valorar la comprensión del contexto cultural, el trabajo
colaborativo y la creatividad permite una evaluación más coherente con los
principios de una educación musical orientada a la identidad.
La educación
musical orientada al fortalecimiento de la identidad cultural constituye una
estrategia fundamental para una educación integral, contextualizada y
socialmente pertinente. Reconocer las músicas locales y comunitarias como parte
central del currículo escolar permite que los estudiantes se vinculen de manera
significativa con su historia, su comunidad y su cultura, fortaleciendo su
identidad, su autoestima y su sentido de pertenencia.
Para lograr este
propósito, es imprescindible promover metodologías participativas, una
formación docente con enfoque intercultural y políticas educativas que valoren
la diversidad musical como un derecho cultural y educativo. De este modo, la
educación musical se consolida como un espacio de construcción de identidad,
diálogo intercultural y transformación social, contribuyendo a la formación de
estudiantes críticos, conscientes y comprometidos con su realidad cultural.
Bibliografía:
Freire, P.
(2005). Pedagogía del oprimido. Siglo XXI.
Small, C.
(1999). Musicking: The meanings of performing and listening. Wesleyan
University Press.
Vila, P. (2014).
Música e identidad cultural. CLACSO.
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