REALIZADO POR:
FRANZ SURUGUAY ANDRADE
LICENCIADO EN EDUCACIÓN MUSICAL
En la actualidad, la crisis ambiental global y el deterioro del equilibrio ecológico constituyen algunos de los desafíos más urgentes de la humanidad. La degradación de ecosistemas, la pérdida de biodiversidad y los efectos del cambio climático requieren no solo acciones políticas y científicas, sino también una educación que forme ciudadanos conscientes, críticos y responsables con el medio ambiente. En este marco, la educación ambiental se ha consolidado como un eje transversal en la formación integral de los estudiantes, y la educación musical emerge como una herramienta estratégica para contribuir al desarrollo de una conciencia ecológica crítica, sensible y comprometida.
La música,
entendida como práctica sonora vinculada al entorno, permite a los estudiantes
reconectar con los sonidos de la naturaleza y reflexionar sobre la relación
entre el ser humano y su medio ambiente. La experiencia estética y sonora
ofrece un acceso particular a la sensibilidad ecológica, pues la escucha activa
del entorno natural fomenta la atención, la percepción, la memoria y la
reflexión sobre el impacto de las acciones humanas. Sin embargo, en muchas
escuelas secundarias, la educación musical se desarrolla de manera aislada de
estas problemáticas, centrándose exclusivamente en repertorios teóricos o
universales y desaprovechando su potencial formativo en torno a la
sostenibilidad y la conciencia ambiental.
En países como
Bolivia, caracterizados por una gran diversidad ecológica, geográfica y
cultural, la integración de la educación ambiental en el área de música resulta
especialmente pertinente. La riqueza de paisajes sonoros naturales como ríos,
montañas, vientos, aves y fauna local constituye un recurso inagotable para la
creación, la exploración y la reflexión musical. Actividades como la escucha
activa del paisaje sonoro, la identificación de elementos naturales, la
construcción de instrumentos con materiales reciclados y la composición musical
inspirada en la naturaleza permiten articular el aprendizaje artístico con
valores de cuidado, respeto y armonía con el entorno.
Desde una
perspectiva pedagógica, la relación entre música y medio ambiente puede
conceptualizarse a través del concepto de paisaje sonoro, propuesto por Schafer
(1994), quien señala que todo entorno posee una identidad sonora que refleja su
equilibrio o deterioro. El paisaje sonoro integra sonidos naturales, humanos y
tecnológicos, y su estudio permite a los estudiantes comprender cómo los
entornos acústicos afectan tanto a los ecosistemas como a la vida social. La
exploración consciente del entorno sonoro fortalece la percepción auditiva, la
sensibilidad artística y el pensamiento crítico en torno a la interacción entre
sociedad y naturaleza.
En el aula, la
educación musical vinculada a la conciencia ecológica se puede implementar
mediante diversas estrategias: caminatas sonoras para registrar el entorno,
análisis de sonidos naturales y urbanos, creación de composiciones a partir de
materiales reciclados o elementos del entorno, y producción de piezas que
reflejen problemáticas ambientales locales. Estas actividades permiten a los
estudiantes desarrollar habilidades musicales como ritmo, armonía, textura
sonora y al mismo tiempo que fortalecen competencias socioemocionales y valores
de responsabilidad ambiental. Asimismo, estas prácticas fomentan la reflexión
crítica sobre el impacto de la actividad humana en los ecosistemas,
sensibilizando a los estudiantes hacia acciones de conservación y cuidado.
La construcción
de instrumentos musicales con materiales reciclados constituye otra estrategia
pedagógica innovadora y significativa. Utilizando botellas, latas, tubos de
cartón, semillas u otros recursos disponibles, los estudiantes aprenden sobre
reutilización, consumo responsable y creatividad aplicada, mientras
experimentan con nuevas sonoridades y formas musicales. Esta metodología,
además de fomentar la conciencia ambiental, democratiza el acceso a la
educación musical, ya que no depende de instrumentos costosos ni de
infraestructura especializada. El trabajo colaborativo durante estas
actividades también fortalece la cooperación, el diálogo y la resolución de
problemas en grupo.
Desde una
perspectiva latinoamericana, la educación musical vinculada a la naturaleza
dialoga con saberes ancestrales y cosmovisiones que conciben la música como un
elemento en armonía con la Pachamama. En comunidades indígenas y campesinas, la
música no solo acompaña rituales y celebraciones, sino que refleja la relación
respetuosa con la tierra, el agua y los ciclos naturales. Integrar estas
perspectivas en la escuela secundaria permite fortalecer la identidad cultural,
valorar los conocimientos locales y promover una educación ambiental
intercultural y participativa, conectando la música con la memoria histórica y
los valores comunitarios.
El rol del
docente es clave para el éxito de estas propuestas. La planificación didáctica
debe integrar objetivos musicales y ambientales de manera equilibrada, evitando
enfoques superficiales o meramente simbólicos. Es importante fomentar la
creatividad, la curiosidad, la exploración sonora y la reflexión ética, para
que los estudiantes comprendan el vínculo entre la música, la cultura y la
sostenibilidad. La evaluación debe centrarse en la participación activa, la
construcción de conocimiento, la innovación y la reflexión crítica, priorizando
los procesos de aprendizaje por encima de la mera ejecución técnica.
La educación
musical, al integrar la escucha consciente del entorno, la experimentación
sonora y la creación estética vinculada a la naturaleza, ofrece un espacio
privilegiado para desarrollar la conciencia ecológica de manera integral. Este
enfoque contribuye no solo al aprendizaje artístico y musical, sino también a
la formación de ciudadanos críticos, responsables y comprometidos con el
cuidado de su entorno, capaces de valorar la biodiversidad y promover prácticas
sostenibles en su comunidad.
La educación
musical constituye un recurso pedagógico potente para el desarrollo de la
conciencia ecológica en la escuela secundaria. A través de la escucha del
entorno, la exploración de paisajes sonoros, la creación musical y la
utilización de materiales reciclados, los estudiantes aprenden a reconocer,
valorar y proteger su medio ambiente. Integrar la educación ambiental en el
área de música no solo enriquece el aprendizaje artístico, sino que contribuye
a la formación de ciudadanos conscientes, críticos y comprometidos con la
sostenibilidad.
De este modo, la
educación musical se consolida como un espacio transformador, capaz de
articular arte, cultura, educación ambiental y sostenibilidad para generar
experiencias educativas integrales, significativas y contextualizadas. Esta
integración permite que la música deje de ser solo un contenido curricular y se
convierta en una herramienta de sensibilización y acción ecológica, formando
adolescentes con pensamiento crítico, creatividad y responsabilidad social
frente al mundo natural.
Bibliografía:
Schafer, R. M.
(1994). The soundscape: Our sonic environment and the tuning of the world.
Destiny Books.
UNESCO. (2017).
Educación para el desarrollo sostenible. UNESCO.
Freire, P.
(2005). Pedagogía del oprimido. Siglo XXI.
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