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enero 26, 2026

La creación musical escolar como estrategia para el desarrollo del pensamiento crítico y la creatividad

REALIZADO POR:
FRANZ SURUGUAY ANDRADE
LICENCIADO EN EDUCACIÓN MUSICAL

En el contexto educativo, uno de los principales retos de la educación secundaria es formar estudiantes capaces de pensar de manera crítica, creativa y reflexiva, capaces de enfrentar problemas complejos y de participar de manera activa en la construcción de conocimiento. Los modelos de enseñanza tradicionales, centrados en la memorización y reproducción de contenidos, han demostrado ser insuficientes para responder a estas demandas. En este escenario, la educación musical emerge como un espacio privilegiado para el desarrollo de competencias cognitivas, afectivas y sociales, al ofrecer a los estudiantes oportunidades para la creación, la experimentación y la reflexión.

La creación musical escolar constituye una práctica que sitúa al estudiante como protagonista de su aprendizaje, promoviendo la autonomía, la exploración y la toma de decisiones. Componer, improvisar, explorar sonidos y construir producciones musicales propias no solo desarrolla habilidades musicales, sino que también estimula el pensamiento crítico, la capacidad de análisis, la resolución de problemas y la creatividad. Cada proceso creativo implica cuestionar, probar, modificar y reflexionar sobre los resultados, generando un aprendizaje profundo y significativo que va más allá de la simple ejecución técnica.

A pesar de sus beneficios, en muchas aulas de música la creación ocupa un lugar secundario frente a la enseñanza de contenidos teóricos o la repetición de repertorios establecidos. Esta práctica limita la participación activa de los estudiantes, reduce la música a una actividad mecánica y desvincula la enseñanza de la creatividad y la reflexión. En contraste, incorporar la creación musical permite transformar el aula en un espacio dinámico y participativo, donde los estudiantes se reconocen como sujetos capaces de producir sentido y significado a través del sonido.

La creación musical no requiere necesariamente de conocimientos técnicos avanzados ni de instrumentos sofisticados. A través de recursos accesibles como la voz, el cuerpo, objetos cotidianos y tecnologías básicas, los estudiantes pueden explorar diferentes texturas, ritmos, melodías y combinaciones sonoras. Este enfoque es especialmente relevante en contextos educativos con recursos limitados, como muchas unidades educativas de Bolivia y de otras regiones de América Latina, donde la falta de instrumentos o infraestructura no debería convertirse en un impedimento para la educación musical significativa.

Desde una perspectiva pedagógica, la creación musical favorece el desarrollo del pensamiento crítico al involucrar procesos de análisis, evaluación, planificación y toma de decisiones constante. Swanwick (1999) sostiene que la educación musical debe integrar la composición, la interpretación y la audición como dimensiones complementarias del aprendizaje, y que la creación permite a los estudiantes reflexionar sobre la forma, el significado y la estructura de la música que producen. Este enfoque sitúa al alumno en un rol activo, capaz de cuestionar, experimentar y construir conocimiento musical y estético de manera autónoma.

En el aula, actividades como la elaboración de ostinatos rítmicos, paisajes sonoros, improvisaciones colectivas y composiciones grupales fomentan no solo la creatividad, sino también la colaboración, la comunicación y la escucha activa. Los estudiantes aprenden a negociar ideas, justificar sus decisiones, aceptar perspectivas diversas y trabajar en equipo, desarrollando competencias críticas y sociales esenciales para su formación integral. Cada proceso creativo se convierte en una oportunidad para experimentar, reflexionar y vincular el aprendizaje musical con la vida cotidiana y con el contexto sociocultural del estudiante

En el contexto latinoamericano, la creación musical ofrece además la posibilidad de vincular la educación con problemáticas sociales y culturales. La composición a partir de sonidos del entorno, relatos comunitarios, tradiciones locales o temáticas sociales permite a los estudiantes relacionar la música con otras áreas del conocimiento, promoviendo la interdisciplinariedad y el compromiso con la realidad que los rodea. Por ejemplo, la construcción de piezas musicales inspiradas en la naturaleza, en festividades locales o en relatos de la comunidad fortalece la identidad cultural, el sentido de pertenencia y la valoración de los saberes locales.

La implementación de la creación musical requiere que el docente asuma un rol activo como facilitador, mediador y guía, generando un clima de confianza, apertura y experimentación. La planificación debe considerar objetivos claros, progresiones pedagógicas y estrategias que promuevan la participación de todos los estudiantes. La evaluación, por su parte, debe centrarse en el proceso creativo, la reflexión sobre la propia práctica, la colaboración y la innovación, evitando criterios exclusivamente técnicos que limiten la expresión y el desarrollo de la creatividad.

Además, la creación musical escolar contribuye a la formación integral del estudiante al integrar la dimensión emocional, social y cognitiva. La música se convierte en un medio para explorar emociones, comunicar ideas, resolver conflictos creativamente y construir un pensamiento reflexivo. Estas experiencias fortalecen la autonomía, la autoestima y la capacidad crítica, preparando a los adolescentes para enfrentar desafíos en distintos ámbitos de su vida académica, social y cultural.

La creación musical escolar constituye una estrategia pedagógica clave para el desarrollo del pensamiento crítico y la creatividad en la educación secundaria. Al situar al estudiante como creador activo, la música se transforma en un espacio de reflexión, exploración, expresión y construcción colectiva de conocimiento. Incorporar la creación musical de manera sistemática permite una educación más participativa, contextualizada y significativa, capaz de responder a los desafíos educativos contemporáneos y de formar estudiantes autónomos, críticos y culturalmente conscientes.

Promover la creación musical no solo fortalece habilidades artísticas, sino que también desarrolla competencias socioemocionales, cognitivas y sociales, convirtiendo el aula de música en un espacio de aprendizaje integral. De esta manera, la educación musical deja de ser un mero contenido curricular y se convierte en una herramienta transformadora que potencia la creatividad, el pensamiento crítico y la capacidad de los estudiantes para intervenir de manera activa en su entorno cultural y social.

Bibliografía:

Swanwick, K. (1999). Teaching music musically. Routledge.

Gainza, V. H. (2002). La educación musical en el siglo XXI. Lumen.

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