REALIZADO POR:
FRANZ SURUGUAY ANDRADE
LICENCIADO EN EDUCACIÓN MUSICAL
La creación
musical escolar constituye una práctica que sitúa al estudiante como
protagonista de su aprendizaje, promoviendo la autonomía, la exploración y la
toma de decisiones. Componer, improvisar, explorar sonidos y construir
producciones musicales propias no solo desarrolla habilidades musicales, sino
que también estimula el pensamiento crítico, la capacidad de análisis, la
resolución de problemas y la creatividad. Cada proceso creativo implica
cuestionar, probar, modificar y reflexionar sobre los resultados, generando un
aprendizaje profundo y significativo que va más allá de la simple ejecución
técnica.
A pesar de sus
beneficios, en muchas aulas de música la creación ocupa un lugar secundario
frente a la enseñanza de contenidos teóricos o la repetición de repertorios
establecidos. Esta práctica limita la participación activa de los estudiantes,
reduce la música a una actividad mecánica y desvincula la enseñanza de la
creatividad y la reflexión. En contraste, incorporar la creación musical
permite transformar el aula en un espacio dinámico y participativo, donde los
estudiantes se reconocen como sujetos capaces de producir sentido y significado
a través del sonido.
La creación
musical no requiere necesariamente de conocimientos técnicos avanzados ni de
instrumentos sofisticados. A través de recursos accesibles como la voz, el
cuerpo, objetos cotidianos y tecnologías básicas, los estudiantes pueden
explorar diferentes texturas, ritmos, melodías y combinaciones sonoras. Este
enfoque es especialmente relevante en contextos educativos con recursos
limitados, como muchas unidades educativas de Bolivia y de otras regiones de
América Latina, donde la falta de instrumentos o infraestructura no debería
convertirse en un impedimento para la educación musical significativa.
Desde una
perspectiva pedagógica, la creación musical favorece el desarrollo del
pensamiento crítico al involucrar procesos de análisis, evaluación,
planificación y toma de decisiones constante. Swanwick (1999) sostiene que la
educación musical debe integrar la composición, la interpretación y la audición
como dimensiones complementarias del aprendizaje, y que la creación permite a
los estudiantes reflexionar sobre la forma, el significado y la estructura de
la música que producen. Este enfoque sitúa al alumno en un rol activo, capaz de
cuestionar, experimentar y construir conocimiento musical y estético de manera
autónoma.
En el aula,
actividades como la elaboración de ostinatos rítmicos, paisajes sonoros,
improvisaciones colectivas y composiciones grupales fomentan no solo la
creatividad, sino también la colaboración, la comunicación y la escucha activa.
Los estudiantes aprenden a negociar ideas, justificar sus decisiones, aceptar
perspectivas diversas y trabajar en equipo, desarrollando competencias críticas
y sociales esenciales para su formación integral. Cada proceso creativo se
convierte en una oportunidad para experimentar, reflexionar y vincular el
aprendizaje musical con la vida cotidiana y con el contexto sociocultural del
estudiante
En el contexto
latinoamericano, la creación musical ofrece además la posibilidad de vincular
la educación con problemáticas sociales y culturales. La composición a partir
de sonidos del entorno, relatos comunitarios, tradiciones locales o temáticas
sociales permite a los estudiantes relacionar la música con otras áreas del
conocimiento, promoviendo la interdisciplinariedad y el compromiso con la
realidad que los rodea. Por ejemplo, la construcción de piezas musicales
inspiradas en la naturaleza, en festividades locales o en relatos de la
comunidad fortalece la identidad cultural, el sentido de pertenencia y la
valoración de los saberes locales.
La
implementación de la creación musical requiere que el docente asuma un rol
activo como facilitador, mediador y guía, generando un clima de confianza,
apertura y experimentación. La planificación debe considerar objetivos claros,
progresiones pedagógicas y estrategias que promuevan la participación de todos
los estudiantes. La evaluación, por su parte, debe centrarse en el proceso
creativo, la reflexión sobre la propia práctica, la colaboración y la
innovación, evitando criterios exclusivamente técnicos que limiten la expresión
y el desarrollo de la creatividad.
Además, la
creación musical escolar contribuye a la formación integral del estudiante al
integrar la dimensión emocional, social y cognitiva. La música se convierte en
un medio para explorar emociones, comunicar ideas, resolver conflictos
creativamente y construir un pensamiento reflexivo. Estas experiencias
fortalecen la autonomía, la autoestima y la capacidad crítica, preparando a los
adolescentes para enfrentar desafíos en distintos ámbitos de su vida académica,
social y cultural.
La creación
musical escolar constituye una estrategia pedagógica clave para el desarrollo
del pensamiento crítico y la creatividad en la educación secundaria. Al situar
al estudiante como creador activo, la música se transforma en un espacio de
reflexión, exploración, expresión y construcción colectiva de conocimiento.
Incorporar la creación musical de manera sistemática permite una educación más
participativa, contextualizada y significativa, capaz de responder a los
desafíos educativos contemporáneos y de formar estudiantes autónomos, críticos
y culturalmente conscientes.
Promover la
creación musical no solo fortalece habilidades artísticas, sino que también
desarrolla competencias socioemocionales, cognitivas y sociales, convirtiendo
el aula de música en un espacio de aprendizaje integral. De esta manera, la
educación musical deja de ser un mero contenido curricular y se convierte en
una herramienta transformadora que potencia la creatividad, el pensamiento
crítico y la capacidad de los estudiantes para intervenir de manera activa en
su entorno cultural y social.
Bibliografía:
Swanwick, K.
(1999). Teaching music musically. Routledge.
Gainza, V. H.
(2002). La educación musical en el siglo XXI. Lumen.
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