Realizado por: Roger Eddy Luis GallegoLicenciado en Educación Primaria Comunitaria Vocacional
La salud mental infantil continúa siendo uno
de los temas menos abordados en el debate educativo, pese a su evidente impacto
en el rendimiento académico y la convivencia escolar. En la práctica docente,
resulta cada vez más frecuente encontrar estudiantes con signos de ansiedad,
irritabilidad, aislamiento o dificultades de concentración.
Detrás de estos comportamientos suelen existir
contextos familiares complejos, carencias afectivas o experiencias de violencia
que afectan profundamente el equilibrio emocional del niño. Sin embargo, el
sistema educativo tradicional ha tendido a centrarse exclusivamente en el
rendimiento académico, relegando el bienestar emocional a un segundo plano.
Desde mi experiencia profesional, he aprendido
que no todo acto de rebeldía es simple indisciplina. En muchas ocasiones, se
trata de un llamado de atención, una manifestación de angustia o una forma de
expresar lo que no puede decirse con palabras. Ignorar esta dimensión emocional
solo agrava la problemática.
La escuela no puede sustituir el rol de la
familia ni el de los profesionales de la salud, pero sí puede convertirse en un
espacio de contención. Incorporar educación emocional, promover el diálogo y
fortalecer la convivencia son acciones concretas que contribuyen a mejorar el
clima escolar.
La salud mental no es un complemento del
proceso educativo; es su base. Un estudiante emocionalmente afectado
difícilmente podrá concentrarse, comprender contenidos o relacionarse de manera
saludable. Si aspiramos a una educación de calidad, debemos comenzar por
garantizar el bienestar emocional de nuestros niños.
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