Mario Vargas, un joven de 24 años que requiere una cirugía de vesícula con carácter de urgencia, denunció públicamente que el Hospital Rubén Zelaya ha reprogramado su intervención quirúrgica por cuarta vez consecutiva. El paciente y sus familiares temen que su situación médica empeore por la falta de atención.
El joven manifestó que su primera intervención fue
programada para el 20 de mayo. Desde entonces, su operación fue suspendida en
cuatro oportunidades consecutivas sin que el personal médico brinde
explicaciones claras o convincentes a la familia sobre los motivos del retraso.
Esta situación provoca que el joven permanezca con dolores y
desgaste físico severo; además, lo expone a riesgos mayores, como una
peritonitis o infecciones severas. A esto se suma que el paciente padece una
enfermedad de base, lo que eleva exponencialmente las posibilidades de una
complicación médica mayor.
El paciente denunció que uno de los médicos le dijo que
tendría que ir “a punto de morir” para que reciba la atención inmediata.
“Ya no tengo confianza en las palabras de los médicos,
parece que tengo que venir muriendo para que recién me operen”, lamentó el
joven con bastante indignación.
Al ser consultado sobre la situación, uno de los
profesionales médicos de turno negó rotundamente que la cirugía haya sido
suspendida en cuatro oportunidades. Sin embargo, el propio paciente exhibió
documentos y órdenes médicas que respaldan su versión y cronología de las
suspensiones.
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