Realizado por: Roger Eddy Luis GallegoLicenciado en Educación Primaria Comunitaria Vocacional
La educación no puede
entenderse como una tarea exclusiva de la escuela. Durante años se ha delegado
en el docente la responsabilidad casi absoluta del aprendizaje del estudiante,
olvidando que la formación integral comienza en el hogar. La educación comunitaria
nos recuerda una verdad fundamental: educar es una tarea compartida.
Desde mi experiencia
profesional, he podido constatar que cuando el padre de familia asume un rol
activo en el proceso educativo, los resultados son significativamente más
sólidos. El acompañamiento en tareas, el seguimiento del rendimiento académico,
la comunicación constante con el docente y, sobre todo, el apoyo emocional,
influyen directamente en el desempeño escolar.
No se trata únicamente de
asistir a reuniones o firmar cuadernos. El verdadero rol del padre de familia
implica diálogo permanente con sus hijos, establecimiento de normas claras,
supervisión responsable del uso del tiempo libre y ejemplo constante de valores
como el respeto, la responsabilidad y la disciplina. El hogar es el primer
espacio educativo, y lo que allí se fortalece o se debilita repercute
inevitablemente en el aula.
En muchas ocasiones, cuando un
estudiante presenta dificultades académicas o conductuales, la escuela
implementa estrategias pedagógicas para mejorar la situación. Sin embargo, si
no existe coherencia entre el trabajo escolar y el acompañamiento familiar, los
avances pueden ser limitados. La educación comunitaria plantea precisamente la
necesidad de consolidar esa articulación entre escuela y familia como eje
fundamental del desarrollo integral.
He observado que cuando los
padres participan activamente, preguntan por el progreso de sus hijos y
establecen rutinas de estudio en casa, el estudiante desarrolla mayor
seguridad, disciplina y compromiso. Por el contrario, la ausencia de
seguimiento genera desorientación y, muchas veces, desinterés por el
aprendizaje.
La comunidad educativa está
conformada por docentes, estudiantes y familias. Ninguno de estos actores puede
asumir el proceso formativo de manera aislada. La corresponsabilidad no es una
opción, es una necesidad impostergable.
Si la escuela enseña y
el hogar refuerza, el estudiante avanza; pero cuando uno de las dos fallas,
quien paga las consecuencias es el futuro de nuestros niños. La educación no se
delega, se construye en alianza.
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