La administración del presidente Rodrigo Paz Pereira dio ayer un nuevo giro a la estructura del Ejecutivo con una reforma que reduce de 14 a 12 los ministerios y concentra competencias consideradas estratégicas. La reorganización, presentada como el inicio de una nueva etapa de transformaciones, estuvo acompañada por la posesión de Fernando Aramayo como ministro de la Presidencia y de Héctor Huanca como ministro de Relaciones Exteriores.
Los cambios representan la mayor reestructuración del
gabinete desde que Paz asumió el Gobierno. Según explicó el mandatario, el
Estado pasó de 21 ministerios en la anterior administración a 17 durante la
transición, luego a 14 al inicio de su gestión y ahora a 12, en una decisión
orientada a reducir la burocracia y reorganizar las funciones del Ejecutivo.
La principal modificación consiste en la eliminación de los
ministerios de Planificación del Desarrollo y de Turismo. En el primer caso,
sus atribuciones serán redistribuidas entre otras carteras, mientras que en el
segundo se creará una Agencia Nacional del Turismo, del Folclore y de la
Gastronomía, concebida para articular de manera más ágil la participación
pública y privada.
Como parte de la nueva estructura, Aramayo dejó la
Cancillería para asumir el Ministerio de la Presidencia, que amplía sus
atribuciones tras absorber competencias que anteriormente correspondían a los
ministerios de Justicia y de Autonomías. Desde esa cartera deberá coordinar el
gabinete, realizar seguimiento a las políticas públicas, fortalecer la relación
con la Asamblea Legislativa y conducir la articulación del proyecto de
redistribución fiscal conocido como 50/50.
En reemplazo de Aramayo fue designado Héctor Huanca, quien
se desempeñaba como viceministro de Comercio Exterior, Inversiones Extranjeras
e Integración. El nuevo canciller tendrá la misión de consolidar la apertura
internacional impulsada por el Gobierno, atraer inversiones, ampliar mercados y
fortalecer la presencia diplomática de Bolivia.
Durante el acto, Paz sostuvo que la reorganización responde
a una planificación iniciada desde el comienzo de su mandato y no a una
decisión coyuntural. “Estos cambios ministeriales forman parte de esa ruta. No
son respuestas circunstanciales, son decisiones destinadas a preparar al
Gobierno para la etapa de transformaciones que comienza”, afirmó.
El mandatario también agradeció la labor de los ministros
salientes, en especial del ahora exministro de Planificación, Fernando Romero,
a quien atribuyó buena parte del rediseño institucional que permitió reducir la
estructura del Ejecutivo. Según explicó, el trabajo desarrollado por esa
cartera permitió identificar funciones que podían ser transferidas y otras que
dejaron de ser necesarias dentro de la administración pública.
Menos burocracia
El eje central de la reforma, según el presidente, es
construir un Estado más eficiente sin disminuir su capacidad de respuesta. Paz
insistió en que el objetivo no es reducir la presencia estatal, sino mejorar su
funcionamiento mediante una estructura administrativa más ligera y coordinada.
En el caso del turismo, el Ejecutivo apuesta por reemplazar
parte de la estructura administrativa tradicional con una agencia especializada
que vincule al Estado con los actores privados y promueva con mayor rapidez la
oferta turística, cultural y gastronómica del país.
“No se necesita un Estado más grande, tampoco se necesita un
Estado ausente; se necesita un Estado más inteligente, más eficiente, más
transparente y más cercano a la gente”, remarcó Paz al justificar la
eliminación de ministerios y la redistribución de competencias.
En esa misma línea, Aramayo definió su nueva responsabilidad
como un espacio de coordinación institucional antes que de concentración de
poder. El nuevo ministro de la Presidencia señaló que la prioridad será
fortalecer el funcionamiento del Estado y garantizar una mayor articulación
entre los órganos públicos.
“Entiendo el Ministerio de la Presidencia no como un espacio
de poder, sino como un espacio de articulación institucional”, afirmó durante
su discurso de posesión, en el que sostuvo que la estabilidad del país
dependerá del fortalecimiento de las instituciones y de la capacidad del Estado
para responder con eficiencia a las demandas ciudadanas.
Con la nueva estructura ministerial, el Gobierno ingresa a
una fase que Paz Pereira define como la de las “transformaciones profundas”, en
la que pretende combinar una administración central más reducida con una
reforma del aparato estatal, orientada a mejorar la gestión pública.
El Deber
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